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Oda a la soledad

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Mar Soler

Coach de Salud y Nutrición Integrativa

Oda a la soledad

Mi vida ha cambiado sustancialmente en el último año y medio. He redefinido mi trayectoria profesional, mi forma de relacionarme con mi cuerpo y su nutrición, mi manera de pensar y cómo interactúo con mi entorno. Y, en mi experiencia, esta última ha sido la más complicada, porque hacerlo ha conllevado trabajar mi relación con la soledad, a la que tanto he temido.

Mis amigos han sido siempre una parte fundamental de mi vida y de mi identidad a medida que crecía. Siempre me sentí muy segura de mí misma al pertenecer a un grupo con el que pasar mucho tiempo, y  terminé validándome personalmente a través del mismo. Sin embargo, en un momento dado, el transcurso de la vida y el cambio que esta trae consigo me zarandearon de pies a cabeza.

Durante nuestra etapa universitaria, algunos amigos encontraron trabajo en empresas y comenzaron a trabajar largas horas y ya nunca coincidíamos, otros decidieron pasar cada vez más tiempo con sus respectivas parejas, y los demás tomamos caminos diferentes. Cada vez nos identificábamos menos los unos con los otros. Desarrollamos valores y maneras diferentes de ver la vida, y ya nada era lo mismo.

A medida que todo este proceso sucedía, el miedo que tenía a quedarme sola se magnificó hasta convertirse en pánico. Ya no me sentía segura, la vida avanzaba, tenía mucho tiempo por llenar, y sentía cada vez más frustración. Me sentí traicionada y rechazada por no estar recibiendo el amor y apoyo que yo siempre había intentado transmitir a mis seres queridos. No me di cuenta de que estaba cerrando una etapa y me tocaba trabajarme y evolucionar.

Cuando me cansé de resistirme al cambio, no me quedó más remedio que resignarme y gestionar el duelo. Con el tiempo identifiqué que había estado tan apegada a mis amigos porque ellos llenaban un vacío que me daba demasiado miedo abordar. Y es que, al no saber quién era ni qué hago aquí, su validación me daba confort y seguridad y anestesiaba mi incertidumbre. Por ello, desapegarme de ellos y adaptarme a las nuevas circunstancias ha sido una de las experiencias más difíciles y dolorosas que he vivido nunca. Significó la transición de un ideal de amistad adolescente a uno más maduro e independiente. Me sirvió mucho para abrir los ojos con respecto a mi vida en general.

Y es que, tras una muerte hay un nacimiento y la vida siempre nos presenta nuevas oportunidades. Para mí esta se manifestó en forma de posibilidad de construir quién quiero ser de dentro hacia fuera, en lugar de hacerlo de fuera hacia dentro, como había hecho siempre. Era el momento idóneo para renacer.

Este proceso me llevó a la introspección y aislamiento social durante un tiempo, y la soledad fue complicada de gestionar al principio. Sin embargo, fue en el silencio y el espacio que quedó vacante que comencé a sentirme cómoda conmigo misma y escuché por primera vez a mi voz interior, a mi intuición. Puse en valor mi tiempo y lo dediqué a cuidarme, a sanar y a reconectar con todo aquello que siempre me había gustado hacer, pero que no priorizaba nunca. Y la creatividad me ayudó a sentirme yo misma en mi versión más auténtica.

Presté atención a mi energía y aprecié cómo ciertas personas hacían que volviera a brillar como hacía tiempo que no lo hacía. Entendí lo que son las relaciones de calidad y sentí lo que significa la verdadera reciprocidad. Me prometí que, a partir de ese momento, únicamente me iba a dar a aquellas personas que me hicieran sentir recargada, que me aportaran y que se comprometiesen.

Ya no me interesan las conversaciones unidireccionales, en las que se habla mal de otros y se los juzga, en las que la queja es la protagonista y la responsabilidad personal la olvidada. Ya no quiero banalidades, toxicidades ni mala energía. Quiero poder crecer y aprender junto a mis amigos y sentirme querida y respaldada por ellos.

Y he podido descubrirlo gracias a la soledad y al cambio, a los que he aprendido a aceptar como compañeros de viaje. Sé que traen consigo emociones complicadas y mucho miedo a soltar, pero también sé que son el reflejo de la transformación, de los inicios y del crecimiento. Y pienso que de eso es de lo que realmente va la vida. De salir, de entrar, de buscar en el interior para construir en el exterior y de compartir nuestros aprendizajes con aquellos que le dan luz a nuestra existencia.

Y tú, ¿te sientes verdaderamente conectada con tus amigos? ✨

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